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Noviembre

Alfonso E.Pérez Sánchez, en la memoria

8 de noviembre de 2010

En su momento inicial, la relación con Sevilla no se aquilató de manera suficiente, o pasó desapercibida, envuelta en el manto de la discreción que era habitual en Alfonso E. Pérez Sánchez. Sin embargo, pocas personalidades en el mundo del arte, desde la sagacidad de un saber indiscutible, han tenido en la capital sevillana un influjo tan renovador como el suyo en las últimas décadas. A quienes tuvimos la suerte de conocerlo y compartir tareas relacionadas con el arte, su magisterio ha sido un referente inexcusable, entre otras razones porque Pérez Sánchez no dejaba indiferente a nadie gracias a su personalidad arrolladora.

Tuve la suerte de conocerlo en 1991. Llegó a Sevilla de mano de Javier Benjumea Puigcerver, presidente fundador de la Fundación Focus-Abengoa, para asumir las funciones de asesor artístico de la misma y tras los pasos de su maestro sevillano Diego Angulo, miembro del Patronato de la Fundación desde su creación en 1982. Fue Javier quien deseaba que, finalizado el periplo de Alfonso en la dirección del Prado, se incorporase a las tareas de Focus-Abengoa en los temas relacionados con la historia del arte, con preferencia en su vertiente sevillana. Lo atrae por dos razones: por su talla intelectual indiscutible en España, reconocida internacionalmente y por las fuertes convicciones morales y éticas que hacían de Pérez Sánchez un defensor inasequible al desaliento en lo que consideraba justo en materias y cuestiones propias de su capacidad y competencia artísticas.

El salto cualitativo y de excelencia que dio la Fundación, a través de las actividades programadas desde que Alfonso comenzó a colaborar con ella, fue de gigante. Varias fueron las circunstancias que, bajo impulsos emocionales y racionales, le hicieron estrechar lazos con nosotros. Entre ellas, su amor a la ciudad de Sevilla –donde llega a tener casa propia-. Aunque también se debiera a la libertad y apoyo sin fisuras que encontró en la Fundación para proyectar iniciativas relacionadas con la recuperación de patrimonio artístico, emblemático, ligado a Sevilla, como fue por su singular valor, entre otros, su empeño para el rescate de la Santa Rufina de Velázquez o para desarrollar, a través de exposiciones memorables, actividades que sirvieron para abrir nuevas perspectivas sobre el arte barroco bajo los supuestos del primer naturalismo en la pintura sevillana.

El primer proyecto que puso encima de la mesa para hacerlo realidad y que me permitió trabajar estrechamente con él, era fruto de una de sus grandes pasiones: el dibujo. De ahí surgió la exposición Tres Siglos de Dibujo Sevillano, que consiguió reunir un número significativo de obras nunca expuestas al público y prestadas, gracias a la garantía que suponía su aval científico, por museos tan prestigiosos como el Louvre, Uffizi, Kunsthalle de Hamburgo, Prado o la Biblioteca Nacional de España. Más adelante, su carisma e influencia entre los más prestigiosos coleccionistas de pintura española en su quehacer en pro de la recuperación del patrimonio nacional, hizo posible una exposición –Pintura recuperada por el coleccionismo privado- que marcó un hito en la concienciación del rescate de pintura española fuera de nuestras fronteras, que hizo ver la importancia del mecenazgo y del coleccionismo privado, y cuyo soplo insufló a nuestra Fundación. En el mismo sentido y con similar propósito estaría la exposición -El Greco conocido y redescubierto-. Ambas fueron, sin duda alguna, dos exposiciones que consiguieron situar la Fundación Focus-Abengoa en un lugar privilegiado en el panorama de las fundaciones de similar carácter a nivel nacional. Esa idea central de recuperación y rescate del patrimonio comprometido, también bajo su asesoramiento y aliento, terminaría por convertirse en uno de los hilos conductores que inspiran nuestro quehacer presente.

Con el paso del tiempo, en el plano más personal, sus lecciones y su generosidad hicieron que, al hilo de su labor de asesor, nuestra amistad se afianzara y el maestro se tornara en amigo. Especial impacto para mí tuvo su invitación a acompañarle a la exposición que preparó en Nápoles sobre Velázquez. Allí comprobé el inmenso respeto y admiración que sentían los profesores italianos por su figura e investigaciones sobre el Barroco italiano, hecho que se ha materializado recientemente en un sentido obituario de Cesare de Seta en la revista Stilos.

La dedicación de Pérez Sánchez a la figura de Velázquez será, sin duda, la que ha dado frutos más maduros que comenzaron en Sevilla en el año 2005 con la exposición -De Herrera a Velázquez. El primer naturalismo en Sevilla- trazada e ideada junto a su fiel discípulo Benito Navarrete. De ella nace el germen de lo que sería más tarde el Centro de Investigación Diego Velázquez, surgido como consecuencia de la adquisición por la Fundación de la Santa Rufina, obra sin par para nuestra ciudad y la mejor excusa para crear un lugar en el que estudiar los antecedentes y consecuentes de Velázquez en Sevilla, algo que hubiera sido impensable en otros tiempos, que Sevilla necesitaba y que hoy es una realidad gracias a las sinergias generadas del buen hacer y asesoramiento de Pérez Sánchez y del mecenazgo de Abengoa. Esta empresa, en la que puso ilusión y empeño,es hoy una realidad de excelencia, acreedora de reconocimiento al servicio de la ciudad.

Por ello 8 de noviembre la Fundación Focus-Abengoa tiene el honor de dedicar a la memoria del profesor Pérez Sánchez un acto y una misa concierto que reunirá a sus amigos y a cuantos sevillanos quieran rendirle este último homenaje.

Anabel Morillo León

Directora General de la Fundación Focus-Abengoa.

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